Te quería, así exactamente como eres. Con esa facilidad que tienes de destruir las cosas. Así, con las virtudes que te agobian y no aceptas. Te quería. Lleno totalmente de miedos y defectos. También a esas miradas que podían destrozar mi corazón. Te quería tanto y un poco más. Te quería como a nadie más. Hasta perdonar todo lo que hiciste y lo que no.
“… Y pensabamos en esa cosa increible que una vez habiamos leido, que un pez solo en su pecera se entristece y entonces basta ponerle un espejo, y el pez vuelve a estar contento….”
Tú siempre fuiste mi espejo, en todas las literaturas y en todas las realidades.